Vicente Leñero y los Periodistas…

JUEVES, 11 DE DICIEMBRE DE 2014
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYÁN ■ DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA ■ PUBLICACIÓN PARA PUEBLA Y TLAXCALA


Los Periodistas

 11/12/2014 04:00
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Los Periodistas / Proceso.com.mx


Corría el año 1993 cuando entregué un ensayo sobre la novela La Guerra de Galio (1991), escrita por Héctor Aguilar Camín, intelectual que vivía un momento interesante en el grupo Nexos pero que llevaba ya unos cuantos años trepado en el tren “fabuloso” de nuevo orden que se anunciaba con bombo y platillo. En efecto, como muchos lo han señalado, se convertiría con los años, en un “genuflexo” del sistema, pero he de decir que es una de las novelas que más he disfrutado. Para el análisis del ensayo, leí a su vez la estupenda novela de Vicente Leñero: Los Periodistas (1978). En aquel entonces, enamorado del género como me encontraba, sentí que este ejercicio de novela con crónica de Leñero era algo inferior al trabajo conseguido por Aguilar Camín; hoy, a la vuelta de los años, entiendo que ambas obras tienen un espacio determinado y que ninguna es inferior o superior. A ambas le debo el profundo interés que profesé por la política hace tiempo y por el periodismo siempre. A un grupo de estudiantes de la carrera de Comunicación, allá por los 90, nos emocionaba pensarnos acompañando a Scherer y a Leñero mientras caminaban por la calle después de haber sido expulsados de la cooperativa de Excélsior gracias al boicot elaborado por el gobierno de Echeverría. A mí en lo particular me interesaba sobre manera la relación que los medios tenían con el poder, al grado que buena parte de mi vida docente la dediqué a la enseñanza de asignaturas relacionadas con esos tópicos. Lo que aconteció con Excélsioren ese momento es referencia obligada cuando se habla de aquellos ataques cometidos por el poder para acallar un medio incómodo.

Como sabrá el amable lector, Julio Scherer fue expulsado del medio que dirigía debido a una intervención del Estado en los asuntos de ese periódico. Para el momento, Excélsior era una cooperativa y los trabajadores decidieron sacarlos pretextando irregularidades en el manejo de unos predios que había adquirido la cooperativa. “Se trataba de un atentado artero contra la libertad de expresión –escribió Leñero en su crónica del acontecimiento, hoy publicada en Proceso número 1986– en el que se habían conjuntado intereses ajenos a la cooperativa y ambiciones internas de quienes se convirtieron en instrumentos para la ejecución de un crimen. Un crimen que eclipsa, por el momento, la posibilidad de contar en México con una prensa libre, profesional, autónoma, independiente, verdaderamente analítica de la realidad y del mundo en que vivimos”. En efecto, un atentado a la libertad de expresión que generó otros medios sumamente influyentes de los que destaco Proceso. No obstante, hoy a la distancia vemos que poco hemos aprendido de semejante despropósito y las cosas no han mejorado. Lo que ahora importa es generar acuerdos comerciales que produzcan amplias ganancias y la verdad se habrá de ir adaptando a las necesidades del empresario mediático y de político en turno –la Casa Blanca es un excelente ejemplo. Hoy vemos con pena que muchos periodistas mal informan y tergiversan los datos para castigar a un funcionario que no les hizo caso. También vemos que muchos funcionarios, delincuentes y otros personajes nefastos corrompen, castigan, persiguen e incluso desaparecen a periodistas, blogueros, tuiteros y muchos otras personas relacionadas con la información.

Leñero falleció recientemente lo que me hizo recordar el momento en que soñaba ser como esos periodistas que intrépidamente buscaban hacer periodismo en un México agreste con el gremio. Con pesar constato que nuestro país sigue siendo un lugar en el que la información no está  para todos y que está limitada por el dinero y el favor político, así como por el crimen; también veo que son pocos los periodistas de la talla de Leñero el día de hoy. Carlos Fuentes, en un reseña escrita en torno a la novela de Aguilar Camín, publicada enNexos, escribió a cuento de los dos principales personajes: “Galio es el ejemplo más atroz del posible cinismo de este empeño. Vigil mismo, el ejemplo mejor de una entrega esperanzada a la vida pública. Ambos fracasan. Ignoran que en México (ésta es la lógica del poder) todo ocurre una sola vez y para siempre, aunque se repita (casi ritualmente) en mil ocasiones. Bastó una reforma agraria, aunque fracasase, para que no hubiera dos. Bastó una matanza de Tlatelolco para no repetir el error. Bastó un fracaso electoral en 1988 para que eso no ocurra nunca más. Basta, en otras palabras, una revolución mexicana para que no haya, nunca, otra”. Claro, todo visto por el poder. Galio, operador político que ve en su trabajo de negociación rapaz y oscuridad espantosa, pretextos perfectos para lograr el equilibrio entre Estado y gobernados; Vigil, adalid de la verdad y relator de la vida cotidiana tal cual es, ve en su actividad una profesión de fe. Pienso que nada hay más maniqueo que la visión que tenemos de la profesión del periodista. Empero, sé que Leñero encarnó perfectamente el papel de ese buen periodista al servicio de su trabajo y de sus lectores lo que lo llevó a dejar Excélsior junto con Scherer. Como sea, su muerte nos deja un vacío en la profesión y nos hace pensar quiénes son “los periodistas”, quiénes sus lectores, quiénes los académicos que los leen y critican, quienes los estudiantes que los estudian. Y como dijo, “el periodista no está para resolver crisis, está para decirlas”…

de israelleon

Chespirito y la manipulación…

VIERNES, 05 DE DICIEMBRE DE 2014
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYÁN ■ DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA ■ PUBLICACIÓN PARA PUEBLA Y TLAXCALA

Chespirito

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04/12/2014 04:00
Publicado por Israel León O’Farrill

la vecindad

La Vecindad en Colombia / Facebook… 

Deliberadamente, desde hace años, decidí no dedicar mis esfuerzos al análisis televisivo por no considerarlo siquiera valedero; por supuesto, de manera sesgada o circunstancial he hablado de la televisión y su innegable influencia en la mente de las personas, especialmente en el sentido informativo. Hace años ya, estudié con uno de mis primeros grupos universitarios en la Ciudad de México el libro Homo Videns, la Sociedad Teledirigida (1997), justo el año en que se publicó y que generó revuelo en los círculos académicos pues estaba criticando de forma muy clara el papel de la televisión en la irrupción del modelo hegemónico de pensamiento que en los 90 era la tendencia clara: un capitalismo bestial que se ocultaba detrás de la supuesta “aldea global” y que tenía como estandartes la globalización y un supuesto “ciudadano del mundo” a través de la “maravilla” que representaban las telecomunicaciones. Hoy, a casi 20 años de su publicación, nos damos cuenta que nada de eso ha ocurrido, que la televisión y su presteza en la información no nos han hecho mejores ciudadanos, que lo único global en este mundo es el crimen organizado y que el “ciudadano del mundo” lo es porque ha migrado y no es ni de aquí ni de allá. La televisión no democratiza a la población del mundo y tampoco produce mejores ciudadanos simplemente porque no necesariamente informa. Sartori lo pone de esta manera: “Admitamos que la televisión informa todavía más que la radio, en el sentido de que llega a una audiencia aún más amplia. Pero la progresión se detiene en este punto. Porque la televisión da menos informaciones que cualquier otro instrumento de información. Además, con la televisión cambia radicalmente el criterio de selección de las informaciones o entre las informaciones. La información que cuenta es la que se puede filmar mejor; y si no hay filmación no hay ni siquiera noticia, y, así pues, la noticia no se ofrece, pues no es ‘vídeo–digna’”. Si no se ve no existe y si no existe no importa, y eso que sólo hablo de la información de los noticieros; en comparación con las producciones televisivas, estos programas ocupan un espacio minúsculo ante la riada de contenidos de espectáculos y deportivos.

Hace unos días Álvaro Cueva se dolía de la manera en que en las redes sociales se trataba al recién finado Chespirito, uno de los productos más infaustos que ha dado la televisión mexicana, pero que para él, es quizá como un prócer de la historia del medio en nuestro país. “Se trata de un creador impresionante –afirmó Cueva en entrevista con su medio, Milenio– de programas cómicos, de personajes, de cultura general. Fue un gran escritor, actor y personaje mediático. Un líder en toda la extensión de la palabra (…) Fue un genio y después de Cantinflas es la gran figura de nuestra industria porque le dio al clavo a muchas cuestiones y se nos metió en la sangre”. Sin duda, Cueva se ha visto atrapado en las mieles del medio que ha criticado durante años… para él, Chespirito fue nuestro Chaplin, afirmación sumamente desproporcionada. Al otro día, empero, se dolía por el usufructo infame realizado por Televisa a la figura del “comediante” en los actos desmesurados realizados para homenajearlo. “Televisa arruinó la muerte de Chespirito –comentó Cueva–, se la robó, la convirtió en un asunto corporativo, en luto nacional, en un circo. Transformó aquello en un atascadero, en una oda a la cursilería, en un ejercicio de oportunismo”. Pues he de decirle a Cueva que no es de sorprenderse; la televisión mexicana y su “gran prócer” Chespirito, se han dedicado a lucrar con la desgracia mexicana, con su sufrimiento, con su gozo, con sus desgracias y ¡qué duda cabe!, con su muerte. El Chavo, programa de repetición oligofrénica por años, nos espetó semana tras semana la historia de un niño de la calle que vive muerto de hambre, abandonado por sus padres y luchando todos los días por llevarse una “torta de jamón” a la boca… y para colmo, debía hacernos reír. Patético.

No entiendo la adoración cuasi enfermiza que he presenciado en España, en Guatemala o en Colombia por este programa –hay en Bogotá un restaurante llamado “La Vecindad”–; acaso sea que a todos nos hermana la pobreza y que nos identificamos con quien la viva. Bien, no critico a quien se ría y disfrute de las situaciones pseudo cómicas que aparecen en esos programas, pero cualquiera que tenga dos dedos de frente puede ver el enorme perjuicio que propició por años semejante bodrio televisivo: una indiscutible distracción que permite que sigan nuestros compatriotas mal informados, que dediquen poca o nada de atención a la información que se genera día a día en el país. Chespirito atizó su último golpe mediático al morir y aunque Cueva no pueda concebirlo, a la dupla Televisa–gobierno le vino muy bien para distraer las voluntades de los mexicanos de Ayotzinapa, de la “casa blanca” y de todo lo que está aconteciendo en nuestro violento entorno. Hoy México y América Latina lloran y homenajean a Chespirito, lo mismo que las televisoras ponen moños negros en sus imágenes; por supuesto, no es políticamente correcto hacerlo por el clima de violencia que vive nuestro país, por los muertos de las fosas, por los decapitados, por los desaparecidos. En la televisión, según Sartori, prevalecen “…los charlatanes, los pensadores mediocres, los que buscan la novedad a toda costa, y quedan en la sombra las personas serias, las que de verdad piensan”. Sin palabras.

de israelleon

Opciones para resolver el conflicto en México

Opciones

 27/11/2014 04:00
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La conversaciones en La Habana / el universal.com.co

La semana pasada compartí algunas reflexiones en torno a Colombia y el proceso de paz en que se encuentran, mismo que se haya inserto en el discurso de muy variados sectores de esa población y que de manera clara, empapa el quehacer cotidiano. Por supuesto, lo digo como un humilde observador externo y que para colmo, estuvo unos cuantos días viviendo esa realidad a partir de un viaje académico. No obstante, tuve la posibilidad de visualizar, como he dicho, que al menos en el discurso encontramos la necesidad constante de hablar de paz. De hecho, como lo comenté en ese momento con diversos actores, tanto periodistas como académicos, tenemos mucho que aprender de sus experiencias; con pesar digo, empero, que para ello falta mucho que recorrer: nos falta, qué duda cabe, agachar la cerviz y reconocer que nos hemos equivocado… reconocer que todos los niveles de gobierno, que las políticas y los políticos y que nosotros como sociedad mexicana, hemos contribuido de una manera u otra a que el conflicto en que vivimos se desenvuelva mostrándonos en la naturalidad de su desenvolvimiento las peores atrocidades que sólo en regiones como Camboya, en Bosnia o en Siberia podían ser imaginables. No lo hemos reconocido pues no hemos madurado. Nos falta sufrir más –y que conste en este momento, que lo digo con sumo pesar– para poder en verdad aprender de ello. Habremos de ver, como pasó en el Cono Sur allá en la época de las dictaduras, que las atrocidades serán absorbidas por la superficialidad mediática y por un amodorramiento social producto del bloqueo producido por el terror, pero también por el convencimiento total de amplios sectores que ven en la resistencia civil y la protesta, visos constantes de descomposición y barbarie; como si en su modorra y en su molicie no se asomaran ya las propias cosas que ellos mismos critican.

En efecto, a partir de las sospechosas manifestaciones de grupos “anarquistas” y “radicales”, encontramos la condena gubernamental y mediática al movimiento surgido en Ayotzinapa, velada, discretamente, pero ahí está. Esos grupos de dudosa procedencia, hoy hacen las veces de un virus inoculado deliberadamente en un organismo para justificar un tratamiento doloroso –sumamente caro, por cierto–: macanazos dos veces al día con cada alimento, y nos vemos el próximo mes. Durante mi estancia en Colombia, como comenté la semana pasada, me fueron sugeridos dos documentos: el primero, proviene de una dependencia gubernamental dedicada al rescate de la memoria de 50 años de conflicto. El siguiente es un informe del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) que en 2003 fijó su atención en la problemática vivida en Colombia –El Conflicto, callejón con salida. En la introducción del mismo se dice que “aumentar las opciones es la mejor manera de resolver el conflicto armado. A partir de una comprensión adecuada de sus raíces y expresiones diversas, las políticas públicas deben desincentivar la opción de la violencia y proveer opciones alternativas a las comunidades, a las víctimas y a los combatientes. (…) Desde esta perspectiva pluralista se entiende bien que el verdadero objeto de las políticas públicas es proveer más opciones para que el ciudadano lleve su propia vida de manera más y más satisfactoria, o sea, en una frase, que ‘desarrollo es libertad’. Y la libertad, además de ser el fin, es el mejor medio para lograr el desarrollo: la ciudadana o ciudadano no sólo debe ser el beneficiario o receptor último de las opciones, sino además su actor por excelencia”. Claro, dichas opciones vendrán determinadas por los mismos actores en el reconocimiento de los errores cometidos, y del profundo conocimiento del conflicto. Nada se puede hacer sin conocer, pero para hacerlo, es necesario “reconocer” lo realizado. Para hacerlo, se deben hacer evidentes abusos, corruptelas y malos manejos; buscar que los actores de hoy, se hagan a un lado y permitan que otros se instalen en la toma de decisiones, sin intereses creados o posturas ideológicas irreductibles. ¿Suena bien? Por supuesto, pero es una utopía.

En esos días, platiqué con Herbin Hoyos, periodista colombiano que ha cubierto diversos conflictos armados en diferentes partes del mundo y que desarrolló un programa dedicado a las víctimas de secuestro en su país llamado “Las Voces del Secuestro”. Coincidí con él en un programa de radio y ahí comentó que en México había mucho que hacer todavía y que buena parte de ello tenía que ver con la información que los medios transmitían. Hoyos me comentó que estaba a punto de venir a México para platicar con periodistas y funcionarios públicos y compartir sus experiencias así como diseñar mejores maneras de entender y reportar la violencia sin vulnerar más a las víctimas. De esa conversación me quedaron muchas dudas e incertidumbres entre las que destaca el tema de esta entrega: primero, nos falta mucho para hablar de paz, para ello ha de pasar todavía lo peor; y segundo, qué se hace con las estructuras coercitivas y represoras, perfectamente entrenadas, una vez que el conflicto ha terminado… seguramente, como ha pasado en otras partes del mundo, se sumarán al crimen organizado. Coincido con el informe en que debemos tener conocimiento profundo del conflicto así y ello propicie la caída misma de los poderosos. Sólo así tendremos las opciones de las que habla el PNUD. Lo dicho: estamos lejos.

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Birdman

El popular

Celuloide

Birdman

Israel León O’Farrill

Alejandro González Iñárritu, como otros de sus contemporáneos, ha logrado escapar a las posibles clasificaciones pedantes que algunos le atribuían después de su Amores Perros (2000) y ha logrado presentarnos algunas propuestas más que pertinentes, provenientes de una aguda visión cinematográfica y un gusto por el cine mismo. Comento lo anterior pues escuché de todo: que si se trataba de un cineasta posmoderno con un discurso transgresor; que si inventaba una nueva manera de hacer cine equiparable con Pulp Fiction (1994) de Tarantino; que si su relación con la publicidad lo había dotado de un discurso vendible –por comercial- ante masas acostumbradas a ver comerciales e infomerciales. Para disgusto de estos aduladores de poca monta, González Iñárritu ha logrado trascender esa imagen.  Primero que nada, veo que con su siguiente cinta 21 gramos (2003), su primer trabajo en Estados Unidos y con un reparto fenomenal encabezado por Naomi Watts, Benicio del Toro y Sean Penn, el cineasta mexicano logra zafarse de entrada con todas estas ridiculeces al presentarnos una cinta donde el centro de la historia son los actores y el guión, no los efectos o los fuegos de artificio tan comunes en el cine actual. Más adelante, extiende a mi parecer demasiado, la premisa de las historias paralelas que nos llevan al mismo lugar en Babel (2006), a mi gusto su cinta más floja y que marca su separación creativa con Guillermo Arriaga. Es decir, cuando ya se había librado de la premisa de Amores Perros, decide regresar a ella en Babel, que pese a las buenas críticas, nominaciones y premios, pudo orillar al director a un estancamiento del que difícilmente podría haber salido.  Pese a todo, se hizo merecedora a diferentes nominaciones y ganó un Óscar por mejor música para Gustavo Santaolalla.

Más adelante, ya con otros guionistas –Nicolás Giacobone y Armando Bo- nos presenta una alucinante historia magistralmente interpretada por Javier Bardem: Biutiful (2010), combinación de denuncia social con fantasía y un toque terriblemente nostálgico y angustiante a la vez, tan benéfico para el trabajo de Bardem –ganó como mejor actor por esta cinta en Cannes, un Goya y del Círculo de Escritores Cinematográficos en España-. La película obtuvo varias nominaciones y en México obtuvo el Ariel a mejor fotografía para Rodrigo Prieto. Se trata de un filme donde vemos a un González Iñárritu maduro, dueño de su espacio y su discurso, haciendo un cine realmente comprometido. Desde hace meses esperaba con ansia poder ver el siguiente proyecto de este cineasta mexicano que sin duda ha ido mejorando entrega con entrega.

Hace unos días asistí al cine a ver Birdman (2014), puesta en escena-  filme que versa sobre un actor que se hizo famoso interpretando en Hollywood el papel de un héroe de comic y que está intentando a como dé lugar granjearse un espacio entre la crema y nata de los actores de vena teatrera de Broadway en Nueva York, quizá una de las escenas más difíciles del teatro en el mundo y que lo mismo ha encumbrado estrellas, que las ha tirado. Quien llega a Hollywood la puede hacer en el cine, pero quien se presenta en Broadway no sólo la hace en el teatro, sino que a su vez, dota de cierta seriedad a su carrera cinematográfica que hace que las academias lo o la consideren como candidato excelente para sus nominaciones. Es en este marco que González Iñárritu nos presenta una pieza en donde a través del patetismo del personaje principal nos percatamos del mundillo desagradable que se cierne no sólo sobre el cine –que permite que un actor lo tenga todo con un personaje y que a la par lo haga que se pierda enteramente en él- sino en el teatro y la televisión. Estupendamente actuada por Michael Keaton, quizá uno de los actores más subutilizados de Hollywood –en este mismo tenor pondría a Whillem Dafoe, Gary Oldman y Gabriel Byrne-, la película acaso representa la misma historia de Keaton, devorado en algún momento por su papel en las dos entregas de Batman por Tim Burton; en verdad hay momentos sublimes que no sólo nos muestran sus enormes capacidades, sino que se adapta a la fisonomía que el mimo actor tiene.

Destacan a su vez las actuaciones de Emma Stone, llamada a ser una de las mejores actrices de su generación y de Edward Norton, pero indudablemente, la película se la lleva Keaton. Mención especial merece la música de la película a cargo del percusionista jazzero latino Antonio Sánchez, mexicano que ha tocado con Pat Metheny, Chic Corea y Avishai Cohen y que acompaña de manera estupenda los devaneos, vaivenes y constantes movimientos de cámara que acompañan el discurso de González Iñárritu. A la par, considero que la fotografía de Emmanuel Lubezki resuelve bien la idea del director de generar planos secuencia y diversos movimientos de cámara que abonan perfectamente con la historia. Se trata de una película ampliamente recomendable.

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Interestelar

El popular

CELULOIDE

Interestelar

Israel León O’Farrill

Christopher Nolan es un director sumamente capaz y que desde hace años propone cintas muy pertinentes. Desde Memento (2000), se ha centrado en historias que juegan con el tiempo y el espacio construyendo realidades que demandan del espectador. De hecho, coloca a sus personajes en intrincados laberintos, en embrollos morales y en situaciones incómodas de las que difícilmente la libran.

Destacaría, como mencioné líneas arriba Memento, excelente película que juega con el tiempo, desenvolviendo a los personajes para presentarnos poco a poco sus verdaderas intenciones. Le sigueInsomnia (2002), película que nos angustia al presenciar el grado de presión al que es sometido Al Pacino, que está estupendo en el papel que interpreta.

Por supuesto, El gran Truco (2006), inteligente cinta que juega con la realidad y la fantasía aprovechando el duelo actoral de Hugh Jackman con Christian Bale – que por cierto se lo lleva de calle- ubicados como ilusionistas en el siglo XIX. Destaca la aparición de David Bowie representando al científico Tesla. Más adelante viene esa maravilla de cinta El Origen (2010),completa en todos los sentidos, tanto en guión, como en realización, dirección, música, casting, bueno, como lo dije, simplemente estupenda. Entre todas ellas también están sus interpretaciones a Batman con Batman Inicia (2005), Batman, el Caballero de la Noche (2008) y Batman, el Caballero de la Noche Asciende (2012), mi favorita. En todas ellas percibimos la oscuridad del personaje, sus dilemas morales y terribles contradicciones. A mi parecer, superó enormemente la serie iniciada por Tim Burton y continuada mediocremente por Joel Schumacher.

Este año, Nolan hace una nueva propuesta con elementos considerados en sus cintas anteriores, solo que esta ocasión se aventura en el espacio con una historia de ficción científica a la altura de sus películas anteriores. En efecto, la historia me parece intrincada y compleja, incómoda a momentos pues nos percatamos de las consecuencias del actuar de los personajes y percibimos su mezquindad y egoísmo, productos de su desesperación; a la vez, vemos locura y sin razón consecuencia de aislamientos prolongados. Nolan presenta la exploración espacial justo como la imaginé: difícil, cansina, solitaria, aunque añade ciertos elementos que la hacen más compleja todavía, aspectos que seguramente consultó con físicos e ingenieros. En esta ocasión, el protagónico lo lleva Mathew McConaughey, excelente actor que ya recibió un Óscar por su estupenda actuación en El Club de los Desahuciados (2013) y que acá no lo hace nada mal. Para varios parecerá una actaución menor en comparación con su película anterior, pero ello vendrá de la idea de que en ésta no sacrificó nada físicamente en apariencia como sí lo hace en El Club, pero lo cierto es que nos entrega una actaución creíble y a tono con el papel desempeñado. Por su parte, Anne Hathaway, también ganadora del Óscar por el churro de Los Miserables, nos entrega una buena actuación, lo mismo que Jessica Chastain, nominada al Óscar por su excelente actuación en Historias Cruzadas (2010). Pareciera que lo que hay no sólo es la conjunción de un reparto de primer nivel, sino una excelente dirección de actores a la par. Se nota que Nolan sabe lo que quiere y lo sabe transmitir a su casting.

Es destacable la música de la película, tanto que no me extrañaría que se llevara un Óscar e este departamento. Hans Zimmer, compositor de larga trayectoria tiene en su haber maravillas como 12 Años de Esclavo (2013), Sherlock Holmes, Juego de Sombras (2011), El Origen (2010), uno de sus mejores, todas las entregas de Batman de Nolan, entre muchas otras y en ésta, preparó una música que colabora a la perfección para que el espectador cambie constantemente de estado de ánimo con los personajes y la trama que aparece en la pantalla. De la fotografía hay poco que decir, salvo que Hoyte Van Hoytema hace un trabajo interesante al generar los escenarios con la iluminación adecuada para los efectos especiales que han de utilizarse en la película. Me recordó al destacable trabajo de Emmanuel Lubezki en Gravedad (2013) de Alfonso Cuarón. En fin, es otro acierto que se apunta Nolan en su destacable carrera y que invito al amable lector a que no se la pierda.

de israelleon

Paz

VIERNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2014
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYÁN ■ DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA ■ PUBLICACIÓN PARA PUEBLA Y TLAXCALA


Paz

 20/11/2014 04:00

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En Colombia se vive un clima interesante en estos días, un clima que se centra en las pláticas de paz que se llevan a cabo en Cuba entre el gobierno de ese país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pese a los escollos que esta misma semana se han producido, espero que encuentren lo que tanto anhela la sociedad colombiana: un paz duradera que los ayude a dar vuelta a la página después de años de guerra y conflicto. En ese tiempo, se mezcló la guerra entre la guerrilla y el poder con los grupos paramilitares que respondieron a intereses privados y a grupos ultraconservadores colombianos; por si ello no bastara, se sumaron a la temible receta el crimen organizado –principalmente el narcotráfico– y la corrupción, aspectos nefastos que todo lo compran y todo lo pervierten, lo mismo conciencias que decisiones políticas. Y ante todo, quienes han sufrido más han sido los colombianos mismos, los ciudadanos del común. Cuando estuve por allá hace unos días de visita en La Fundación Universitaria Los Libertadores, varios colegas profesores de allá me miraban con comprensión y me preguntaban amablemente cómo iban las cosas por México. Ellos entienden que no lo estamos pasando bien, que nuestras autoridades no lo están llevando como debería ser y que quizá podrían ayudar. Me sugirieron amablemente que revisara unos documentos que recientemente fueron publicados, de uno de los cuales saco algunas reflexiones.

En 2013, el Centro para la Memoria Histórica publicó un informe para dar cuenta de 50 años de conflicto armado en ese país: ¡Basta ya! Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad. Este informe “…permite confirmar que entre 1958 y 2012 el conflicto armado ha ocasionado la muerte de por lo menos 220 mil personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos. A pesar de su escalofriante magnitud, estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la dinámica y del legado de la guerra es el anonimato, la invisibilización y la imposibilidad de reconocer a todas sus víctimas”. Como se ve, si seguimos las cifras aquí plasmadas, queda claro que nosotros estamos caminando a pasos agigantados para alcanzarlos. Según cifras reportadas por el Inegi, de 2006 a 2012 se registraron más de 121 mil muertes violentas relacionadas con el crimen organizado, su combate y demás linduras; en lo que va del sexenio peñista, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Sistema Nacional de Seguridad, van más de 57 mil. Justo es decir, empero, que hay ciertas diferencias entre ambos casos y que vale la pena clarificar. Primero que nada, en Colombia existieron, como escribí líneas arriba, grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes y todos ellos, de manera activa, contribuyeron al apilamiento de cadáveres; en nuestro país, difícilmente podemos decir que exista una guerrilla, y lo que tenemos son incipientes grupos de autodefensa que podrían degenerar en grupos paramilitares si desvían su rumbo que hasta ahora podría parecer legítimo. Lo que sí nos hermana con los colombianos es la lamentable actuación de ambos gobiernos al tratar de “contener” la violencia y las políticas que han seguido a lo largo de sus conflictos. “La confrontación armada contemporánea –continúa el informe– exacerbó particularidades de la tradición política nacional, en especial el sectarismo, que tuvo su máxima expresión en la guerra sucia. Ciertamente en Colombia ha predominado una concepción de la política en la cual el disenso o la oposición son vistos antes que como elementos constitutivos de la comunidad política, como amenazas a la integridad de esta o a la concepción de orden dominante en cada momento. (…) Es bajo esta perspectiva que el campo político integró como rasgo distintivo de sus dinámicas la eliminación del adversario o del disidente. Ese ha sido lo que podría llamarse el programa  perverso de la guerra sucia. El sectarismo de la política se extiende a las armas y el sectarismo de las armas se proyecta en la política”. El poder, sea en Colombia o en México, siempre cae en la tentación de reprimir de manera violenta o de criminalizar cuando sea posible, todo tipo de disenso; hoy mismo vemos que hay numerosos personeros de todos los niveles de gobierno –federal, estatal, municipal– ansiosos por propinar macanazos disfrazados de control y legitimidad.

Ellos se encuentran hablando en este momento de paz; nosotros estamos hablando de violencia pues es menester darla a conocer, proporcionar información, no ocultar la verdad que sólo genera pensamientos de conformidad o de franco desinterés. El informe lo pone de esta manera: “…la cotidianización de la violencia, por un lado, y la ruralidad y el anonimato en el plano nacional de la inmensa mayoría de víctimas, por el otro, han dado lugar a una actitud si no de pasividad, sí de indiferencia, alimentada, además, por una cómoda percepción de estabilidad política y económica”. Por supuesto, nuestras cifras son escandalosas –¡más de 178 mil en ocho años!–, pero cuando les ponemos rostro y familia como ha sucedido con los 43, la indiferencia cede espacio a la indignación. Ahí, en la indignación, es donde considero radica nuestra esperanza. Para poder hablar de paz, es necesario afrontar el conflicto, reconocerlo y renunciar a él, cosa difícil cuando su origen es la corrupción y un sistema axiológico débil más propicio a la consecución de lo material que a la realización humana. Difícil, pero no imposible.

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Sergio Leone

El popular

Celuloide

Leone

 

Israel León O’Farrill

 

Compré recientemente la película Los Imperdonables (1992) dirigida por Clint Eastwood, cinta que disfruté enormemente cuando la vi en la pantalla grande y que necesitaba tener en mi filmoteca.

Ciertamente la considero una de las películas más importantes del director norteamericano y que dio un respiro interesante al cine Western en los noventa. Ello me llevó en consecuencia –no necesariamente debe ser de esa manera- a ver de nuevo la enorme El Bueno, el Malo y el Feo (1966) del mítico Sergio Leone. La película es quizá la representación máxima del cine llamado Spaghetti Western –llamado así porque eran westerns realizados por directores, productores, extras y equipo italianos-  y su director, un auténtico portento de este género. Para quien no haya visto la película, destaca la fotografía a cargo de Tonino Delli Colli, repleta de primeros planos, el consabido plano americano –especial en westerns- y movimientos interesantes. Hay secuencias largas donde lo que vemos son detalles de ojos, manos, pistolas, expresiones, especialmente casi al final en el duelo del cementerio donde se enfrentan los tres protagonistas, Lee Van Cleef, Eli Wallach y Clint Eastwood. Los tres se inmortalizaron a partir de esta película aunque quien realmente se catapultó de forma sorprendente fue Eastwood que se apropió del género y lo explotó exitosamente hasta llegar a dirigir él la cinta con la que inicio esta entrega que le valió varios Óscares incluidos Mejor Película y Mejor Director. En su haber encontramos de este género Por un puñado de dólares (1964) con el mismo Leone y que de cierta manera es un antecedente a El Bueno, el Malo y el Feo. También vemos El fugitivo Josey Wales (1976) y El Jinete Pálido (1985) ambas dirigidas por él. Tengo todas ellas en mi colección pues reconozco que disfruto mucho las películas de este género y en especial donde aparece Clint Eastwood.

Por su parte, vale la pena decir que Leone tiene muchos filmes en su haber con el género spaghetti western, lo que le ha ganado un lugar como el director más importante del género, aunque al final tuviera un par de trabajos ciertamente flojos con Terence Hill. Su última película como director fue Érase una Vez en América (1984), historia que trató sin mucho éxito de retratar la época de la prohibición en Estados Unidos y la mafia italiana relacionada con el tráfico de alcohol, los antros ilegales, el juego y muchas otras linduras. Con poca fortuna, la cinta es un auténtico plomo –la volví a ver recientemente y me aburrí montones- y no le llega ni a los talones a la trilogía de El Padrino. No obstante lo anterior, Leone se ha convertido desde El Bueno, el Malo y el Feo en un director de culto que bien vale la pena seguir. Por cierto que también es destacable el trabajo de Ennio Morricone, portento también de la música en el cine y mundialmente famoso por la tonada de esta película. Morricone ha compuesto la música de más de 500 películas y es un auténtico fenómeno.   De él tenemos las estupendas bandas sonoras de La Misión(1986), Cinema Paradiso (1988), Todos estamos bien (1990), Malena (2000), Los Campos de la Esperanza(2005), entre muchas otras. Su música es imaginativa, emocionante y me parece que ha contribuido de manera fundamental para apuntalar la trama de las películas en que ha participado. Mueve en verdad la música de Cinema Paradiso, especialmente la que acompaña el montaje final que observa Toto ya viejo. De igual manera, vemos a esa bellísima Mónica Bellucci caminar en Malena acompañada de la cadencia que le da la música de Morricone. Ya no digamos la evocación que adquiere niveles de culto cuando escuchamos el silbido característico de El Bueno, el Malo y el Feo; hay quien lo tiene como tono de llamada del celular. Desde pequeño, cuando vi por primera vez esta cinta, me formé relacionando siempre la película con su banda sonora, mezcla que nos ha brindado cosas estupendas como Naranja Mecánica (1971) o El Padrino (1972). Bueno, tanto el western como el cine en general se han visto muy beneficiados por los tres, tanto Leone, como Morricone como Clint Eastwood.

de israelleon

Manzanas podridas

VIERNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2014
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYÁN ■ DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA ■ PUBLICACIÓN PARA PUEBLA Y TLAXCALA


Manzanas podridas

 13/11/2014 04:00
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Mientras el tema de Ayotzinapa se descompone más y más, y tal como lo ha hecho evidente en su columna Raymundo Riva Palacio en El Fianciero, adquiere visos de enorme farsa –sobre todo por la deliberada inacción del Estado ante las constantes denuncias contra Abarca y secuaces–, la violencia institucionalizada se repite y se repite, cual tonada macabra en diversas partes del territorio nacional. Como lo he comentado en varios foros junto con otras voces, ni los 43 son los únicos, ni estamos por acabar de verle el fondo al barril de tal cantidad de manzanas podridas que tiene. Riva Palacio comenta categórico: “La PGR no hizo nada contra Abarca. Después de casi cuatro meses de inacción en la Seido, Blanco le insistió el 24 de septiembre a Ramírez, de la PGR, cuándo iban a consignar al alcalde de Iguala. La respuesta fue similar a la que dio en junio: en breve. Dos días después de ese intercambio, sucedieron los hechos en Iguala. Abarca y su esposa se fugaron el 30 de septiembre, pese a estar vigilados por la Policía Estatal, y hasta la fecha aún no se sabe quién los ayudó a evadir a la justicia”. Bien, no hay más que decir. De hecho sí que lo hay, pero sería afirmar lo evidente: el Estado en general se encuentra rebasado, sea porque no puede actuar, o como en este caso, porque no quiso hacerlo. Como sea, los muertos hablan más que los mensajes que desde el poder se desgranan avalando una supuesta eficiencia para pretender acallar los errores cometidos. El poder, al parecer, es lo único importante.

En este enrarecido entorno, surgen muchas más linduras. Muere a manos de elementos de Seguridad Pública de Bolonchén de Rejón, municipio de Holpechén en Campeche, y de personal de la Policía Estatal Preventiva, Denni Abraham Canché Trejo, al ser golpeado y asfixiado contra el piso de la tarjea de la camioneta donde lo llevaban arrestado junto con otros dos parientes suyos por resistirse en un retén del programa de alcoholímetros de esa entidad. Pese a que el gobierno de Campeche ha prometido aplicar todo el peso de la ley a estos policías, queda patente el hecho de que se suma a la larga lista de abusos cometidos por la autoridad. Ninguna pena habrá de revivir a Canché y será de poco consuelo para sus familiares. De hecho, esta familia, como las de Ayotzinapa, como las de los miles y miles de víctimas de crímenes cometidos en el país por personas relacionadas con el Estado de una otra manera, no deberían estar enfrentando estas realidades y mucho menos por crímenes cometidos por la autoridad misma. Cuando me enteré del caso, sólo escuché Canché y pensé de inmediato en un líder maya de la entidad que ha estado luchando por años contra los abusos y atrocidades cometidas por los poderosos en contra de las comunidades indígenas: Nehemías Ché Canché. En una entrevista que le realicé en 2012, me comentó que los abusos eran constantes. “La familia Escalante –tradicionalmente pudiente en Campeche y que desposó a una de sus hijas con Mouriño, ex secretario de Gobernación con lo que generó jugosos negocios para la familia y el actual gobernador–, barrió con un poblado indígena, en la madrugada metió tractores y quítense porque ahí vengo… barrió con casas, barrió con todo un pueblo que está aquí pegadito. Tiene unos 50 años; ese pueblo estaba desde el tiempo de Sansores, desde entonces. Entonces, yo me fui en contra… aquí venía con la gente del lugar, aquí enfrente de palacio, ahí me ponía con la gente, salía, me tomaban fotos, ¡que tomen lo que quieran! Claro, el siguiente gobernador que sube, que es el que está actualmente, mero cuate con los Escalante”. Por lo anterior, temí lo peor para este líder social, definitivamente ya no se sabe lo que se puede esperar. Lo más grave del asunto, es que nada justifica una pérdida humana, pero un retén de alcoholímetro menos.

Y por si fuera poco, la caída de la licitación del tren bala de México a Querétaro ganada por el consorcio chino asociado con la empresa Higa, a través de su subsidiaria Teya, debido al escándalo evidenciado por el portal de Aristegui Noticias sobre la “casa blanca” que se encuentra a nombre en parte de Angélica Rivera y en parte, de esta constructora, por lo que habría la sospecha de conflicto de intereses en la licitación de la que hablamos. Al haber esta sospecha, el presidente de la República decidió no firmar el contrato con esas empresas generando una penalización que seguramente pagaremos nosotros los mexicanos, lindo esquema. Se suma a lo anterior el vaivén de violencia que vive el estado de Veracruz, que pese a que a su gobernador no lo vea, existe con todo y Panamericanos. De hecho, se suman ya 10 periodistas asesinados en lo que va de su administración de los que destaca Regina Martínez, corresponsal de Proceso en esa entidad. Y sigue y sigue la lista en un espectáculo que ya es visto a nivel internacional, que está generando presiones diversas al gobierno mexicano y que difícilmente podrá acallar como lo ha hecho con parte de la prensa mexicana. El tufo de las manzanas podridas es ya difícil de ocultar y dudo mucho que la composta resultante sirva siquiera de abono…

de israelleon

El Médico Alemán

El popular

Celuloide

El Médico Alemán

 

Israel León O’Farrill

 

Si la memoria no me engaña, no se han realizado muchas producciones cuyo tema central sea la caza de los criminales nazis emprendida por el Mossad –servicio de inteligencia israelí- allá por los años sesenta –salvo acaso Los Niños del Brasil (1978), ficción que jugó con la idea de que Mengele (interpretado por Gregory Peck) estuviera construyendo genéticamente una camada de nuevos Hitler-. Como el respetable sabrá, varios criminales de guerra del ejército alemán y de las temibles SS, una vez caído el régimen hitleriano, huyeron a diferentes partes del mundo en busca de refugio pues vieron que los aliados no entenderían tanto su ideología como su accionar y peligraba su pellejo. Por supuesto, para ellos, ambas cosas tenían toda lógica y para nosotros significan sinrazón, locura y muerte. La Alemania nazi y sus patéticas comparsas e imitaciones en otros países como la España franquista, la Italia de Mussolini –origen del fascismo europeo-,  Croacia y Hungría, ambas colaboracionistas y sus tenues, pero duraderos reflejos en otros países como Inglaterra, Estados Unidos y el cono sur de América, todos ellos, con sus propias historias de racismo y sueños de supremacía de raza, todos estos casos merecen muchas más cintas y litros de tinta en novelas y estudios académicos. No obstante, ha sido el foco de atención para los cineastas –especialmente los hollywoodenses- el tema del holocausto y sus horrores con todo y que dicho momento histórico merezca muchos otros acercamientos. Por mencionar algo de lo más destacable y que explora otras dimensiones de esa época menciono Los Falsificadores (2007) de Stefan Ruzowitzky, La Caída (2004) de Oliver Hirschbiegel, Amén (2002) de Costa-Gavras, la enorme Amanecer de un Siglo (1999) de István Szabó o Good (2008) de Vicente Amorim. Estos filmes exploran el momento de la guerra y algunas cuestiones ideológico políticas, pero salvo Amanecer…, no tratan los momentos posteriores.

Es en este sentido que vemos la cinta argentina El Médico Alemán- Wakolda (2013) de Lucía Puenzo, excelente bofetada a la sociedad argentina de los años sesenta que permitió el refugio de nazis tan connotados como Adolf Eichmann y el mismo Josef Mengele, tema central de esta película. Mengele fue un médico nazi perteneciente a las SS, famoso por conducir experimentos terribles con prisioneros del tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz en Polonia, muy cerca de Cracovia, y que se refugió en América, concretamente en el cono sur, protegido por simpatizantes de la causa nazi en esos países, Argentina, Paraguay y Brasil. La película documenta la estancia del médico en una pequeña población argentina en el sur, frontera con Paraguay. Por supuesto, lo que evidencia Puenzo no es un pequeño paréntesis en la vida del médico fugitivo, sino el cobijo que le habría brindado una parte de la sociedad argentina muy dispuesta a admirar a este tipo de criminales y encumbrar sus fechorías a nivel de “ciencia”. Es decir, muestra la necesidad de muchas sociedades latinoamericanas por pretender pertenecer a razas puras o al menos tener en su ascendencia parte de sangre europea, sea que en verdad la tenga o no.

La historia está bien estructurada y poco a poco vamos conociendo la identidad del doctor, que a simple vista parece ser muy normal; sin embargo, va revelando sus intereses “científicos” al convivir con la familia que lo acoge en un hostal. De hecho, el foco de sus atenciones terminan siendo una pequeña niña –poco desarrollada para su edad- y la madre de la familia que está embarazada. La película tiene propuesta en diferentes niveles. La actuación es quizá el principal atributo pues todos y cada uno de los actores, incluido el casting infantil y adolescente lo hacen muy bien. Destacaría, por supuesto, la dupla entre Alex Brendemühl (Mengele) y la niña Florencia Bado (Lilith). La dirección de Puenzo es estupenda, pues nos va presentando las situaciones dentro de la película de manera sutil, sin sobresaltos y nos lleva de la mano en la trama sin que se pierda el interés por haber adivinado el desarrollo de la historia. Algo parecido vemos en la excelente cinta XXY (2008) de ella misma, historia que explora el hermafroditismo y su consecuencia social de manera sumamente interesante. Mención especial merece el sonido que está bastante bien, no así la dicción de algunos personajes que hace que se dificulte entender algunas de las frases que pronuncian. De cualquier manera, se trata de una excelente propuesta para este fin de semana si es que sigue en cartelera.

 

de israelleon

Descomposición Social

VIERNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2014
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYÁN ■ DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA ■ PUBLICACIÓN PARA PUEBLA Y TLAXCALA


Descomposición

 

 06/11/2014 04:00

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José Antonio Paoli Bolio se preguntaba en el programa Primer Plano si es que entendíamos la época en la que estamos viviendo, porque, citando a Silva–Herzog, se preguntó: “¿cómo calificamos este tiempo? Dice: don Porfirio no sabía que vivió en el Porfiriato, pero  –dice simpáticamente– nosotros no sabemos en qué tiempo vivimos, ¿cómo le llamamos a este tiempo? Tiempo de la desintegración…” y María Amparo Cazar remató diciendo que vivimos el tiempo de la “descomposición”… En efecto, el sistema en general está enteramente descompuesto y los acontecimientos actuales no hacen más que confirmarlo. El amable lector acaso se encuentre fastidiado ya de noticias y análisis sobre Ayotzinapa, Tlatlaya, los miles de muertos y la violencia generalizada que parece no tener fin; de ser así, bueno, es quizá un efecto natural del mundo mediático en que todo conspira para que no estemos atentos de nuestro entorno, cosa curiosa. Semejante distracción genera ignorancia, amiga eterna de la felicidad: quien no se entera, no sufre, máxima universal de numerosas generaciones mexicanas que han vivido día con día sin la necesidad de saber y de actuar en consecuencia.

Hoy, la llamada sociedad de la “información”, no nos ha hecho más libres ni nos ha dado necesariamente las herramientas para que eso suceda. Para Bell, citado por Mattelart en su libro La Comunicación mundo, historia de las ideas y las estrategias, existe una crisis de las ideologías al haber aparecido cierta hegemonía del modelo norteamericano en la sociedad posindustrial; en este sentido, lo más importante será el modelo –político, mediático– con independencia de la propia ideología o siquiera de la información. Se necesita que exista una especie de modelo único dictado desde escuelas de pensamiento norteamericano y europeo que hacen ver que lo realmente importante es el ámbito económico en detrimento claro de la ideología. Cuando una sociedad pierde el sentido de la pertenencia emotiva y racional a la ideología, se encuentra irremediablemente presa de sus propios vicios y pecados. No cabe duda que la ideología se encuentra plagada de un sistema axiológico que la acompaña y que permite que tenga una regulación interna que afecta sin duda el accionar de quien la detenta. Es decir, no se puede ser de izquierda sin chistar en contra del modelo económico tan agresivo y discriminador en el que vivimos; tampoco se puede ser panista y estar a favor de marchas y plantones, eso no se estila con su idea de orden a toda costa. Lo que sí se puede, al derrumbarse las ideologías, es sumarse plenamente a la corrupción que no demanda ideología o intelecto, sino que exige acción y deseo. He ahí el dilema de la desaparición de las ideologías: de ahí mismo se alimenta la futilidad de nuestro presente. Sin duda, existe una crisis no sólo de ideología, sino de aquello que los occidentales llaman “civilización”; dicha crisis bien podría tener visos de descomposición.

Para Spengler, ese filósofo alemán de la historia, que aventuró en los años 20 del siglo pasado la Decadencia de Occidente, “La ‘civilización’ es el inevitable sino de toda ‘cultura’. Hemos subido a la cima desde donde se hacen solubles los últimos y más difíciles problemas de la morfología histórica. ‘Civilización’ es el extremo y más artificioso estado a que puede llegar una especie superior de hombres. Es un remate; subsigue a la acción creadora como lo ya creado, lo ya hecho, a la vida como la muerte, a la evolución como el anquilosamiento, al campo y a la infancia de las almas –que se manifiesta, por ejemplo, en el dórico y en el gótico– como la decrepitud espiritual y la urbe mundial petrificada y petrificante. Es un final irrevocable, al que se llega siempre de nuevo, con íntima necesidad”. Como se ve, la civilización conlleva consigo misma elementos cohesionadores de la sociedad en general y permite que los miembros de esa sociedad determinada, tengan información y conocimiento de lo que los hace ser una civilización; empero, en este momento de crisis, la barbarie más ramplona adquiere visos de pandemonio para unos y de adoración para los que viven y disfrutan el sentido “aspiracional” de los narco corridos. Hoy todo es posible en esta descomposición social, no solo cuando vemos que políticos y empresarios de todos los espacios medran y lucran con la desgracia en torno a los conflictos sociales que enfrentamos en nuestro país, sino también en la monstruosa desmovilización mediática dirigida a millones de niños en el país que mañana no actuarán porque simplemente no les importará. Ya no interesan colores, creencias o preferencias partidistas; ahora, lo que interesa es sobrevivir medianamente en un trabajo de porquería o acabar la licenciatura para tener un sueldo más o menos digno para alimentar a la familia. Veo con asco, los reportes de las principales televisoras sobre la captura de Abarca y de su esposa que, como se narra en la película de Estrada, parecieran armados con el objeto de generar dividendos para los medios –la gente sigue viendo la telenovela de la detención mientras aparecen minutos eternos de infomerciales– y usufructo político para el gobierno federal pues aparentemente ya está haciendo su labor. Lo que queda, después de esto, es la ineludible obligación del gobierno de presentar a los 43 a partir de esta captura. De no hacerlo, bueno, se confirman circo y descomposición en una mezcla dantesca donde la ideología cede paso a la nada y la sociedad es la gran perdedora.

de israelleon